Cien coitos es lo que dura el amor erótico entre dos personas. Después puede quedar la lealtad, el cariño, el afecto, pero también puede empezar el salseo y la infidelidad. Este es uno de los experimentos que cuenta Luisgé Martín (Madrid, 1962) en su nueva novela ‘Cien noches’, una historia de promiscuidades, adulterios y perversiones con la que ha ganado el premio Herralde de novela que otorga la editorial Anagrama.

También está, aunque de forma más tangencial, la política, un terreno que el escritor conoce bien y que cuenta a su vez con sus fieles e infieles. Hace doce años fue uno de los asesores de la ministra de Cultura Ángeles González-Sinde y desde hace dos trabaja en el gabinete del presidente Pedro Sánchez como uno de los artífices de sus discursos.

'Cien noches'
‘Cien noches’

Un tiempo en el que ha visto cómo la política ha cambiado de velocidad, e incluso los propios debates, con la llegada de las redes sociales. Y también un tiempo en el que ha visto pasar varias elecciones, una crisis constitucional con Cataluña y hasta una pandemia. Por eso excusa la escasa presencia de la cultura en los discursos del presidente, e insiste: «El presidente es absolutamente receptivo al papel que tiene que jugar la cultura y la ciencia».

El presidente es absolutamente receptivo al papel que tiene que jugar la cultura y la ciencia

PREGUNTA: He leído este libro sobre sexo y perversiones la semana en la que se destapa una orgía con un miembro del parlamento europeo que ha sido la comidilla de estos días, con perdón. Lo que me lleva a pensar en este mundo oculto que hacemos como que no, pero claro que existe.

RESPUESTA: Estoy convencido. Hay gente que no lo hace por miedo, por dificultad, porque hace falta un cierto espíritu de aventura, y luego hay gente que lo tiene más fácil y gente que lo tiene más difícil. Es más fácil ser promiscuo cuando eres guapo que cuando eres feo. Hay un subterráneo del adulterio… el mundo gay en esto siempre ha sido un poco más transgresor, entre otras cosas porque durante muchas décadas ha estado obligado a ello y tenía que buscarse estos resquicios. Pero este tipo de cosas existen continuamente.

P: Sexo y maldad siempre están presentes en sus novelas. ¿Por qué esta asociación entre lo sexual y el mal?

R: Estoy escribiendo un librito sobre parafilias sexuales. Siempre es un mundo que me ha interesado mucho. Está en la marginalidad del sexo convencional, y me ha interesado el sexo como replicante de los roles de dominación, de los roles no culturales. No solo el sexo BDSM sino ese sexo en el que aparece la violencia y el mal. Hay perversiones e historias reales de asesinatos en el que esa pulsión sexual se mezcla con la violencia y el daño. Creo que Freud escribió bastante sobre esto…

P: Precisamente la protagonista es Irene, una mujer, a finales de los setenta. Freud en este asunto con las mujeres y el sexo no es que fuera muy abierto. En este caso es ella la que se deja llevar por las pulsiones más primarias y va a la búsqueda de la maldad en esas relaciones sexuales. En ocasiones cobra por sexo y ella misma se pregunta si es una puta. Esta culpabilidad sigue estando presente entre las mujeres con cierta promiscuidad.

R: Yo tengo la sensación de que si Irene estuviera en 2020 no hubiera tenido esa sensación. Ahí mezclo dos referencias. Una, un par de mujeres de mi edad que han sido las mujeres más promiscuas que yo he conocido. Y, por otro lado, mi propia experiencia de represión por la homosexualidad, y de compañeros míos que no eran homosexuales que iban a colegios religiosos y que, aunque se diga que no, también los hombres asumían con el sexo una culpa que luego se transformaba en chulería y soberbia, pero era una sensación de malestar y culpa.

Ahora ningún padre llega a pensar que una hija suya o un hijo suyo a los 18 años es virgen

P: ¿Y esto ha cambiado?

R: Yo creo que sigue existiendo, pero menos. Ahora creo que ningún padre llega a pensar que una hija suya o un hijo suyo a los 18 años es virgen. En aquella época eso era lo normal. Y no te digo ya familias ultrarreacionarias, sino normales. En esto ha habido un cambio de mentalidad en España, lo que pasa es que también estamos viviendo un punto hacia atrás en represión sexual.

P: ¿Una ola reaccionaria? Explíqueme bien eso.

R: Yo creo que sí, sin duda. Las discusiones sobre la prostitución son discusiones del siglo XIX. Me parece que ahí hay un dogmatismo en ese segmento del feminismo y de la izquierda que está defendiendo el abolicionismo sin matices. Hay un dogmatismo de la peor izquierda del siglo XIX. Creo que en España habíamos llegado a un punto de visión de la sexualidad de una manera abierta, desinhibida, en la que podía ser también un entretenimiento y a nadie le parecía mal, y ahora estamos desandando ese camino. La sexualidad vuelve a tener una pesadez, una gravedad en nuestras conductas que es absolutamente dañina. Creo que es magnífico poder tener, con todas las cautelas que se quieran, una visión del sexo más deshinibido.

P: ¿Y de dónde cree que viene esta ola? Hace décadas podíamos pensar en lo religioso, en nuestro país nacional-católico…, ¿pero ahora? Sobre todo porque esos mensajes, como ha dicho, parecen venir sobre todo de la izquierda.

R: Pues me gustaría poder responder a esto. Yo creo que la religiosidad nunca se fue del todo. Todos estamos impregnados, yo desde luego lo estoy, a pesar de que hace miles de años que dejé de creer en Dios y de vivir religiosamente. Pero estamos impregnados de una forma de mirar el mundo que tiene que ver con esa pesantez de lo religioso y del cuerpo, con ese sentimiento de culpa del cuerpo. Y eso no ha cambiado. Pero además hay una ola reaccionaria en todo el mundo que no solo afecta a la moral, sino… es decir, ¿por qué de nuevo estamos volviendo a hablar sobre el aborto cuando era un asunto zanjadísimo? Porque creo que hay movimientos de péndulo…. Yo no creo en el progreso y creo que del ser humano se puede esperar cero o nada, y creo que esto es una reacción más a ese mecanismo…

P: Bueno, en el libro Irene dice que la naturaleza humana es un sumidero de mierda, y por lo visto, está de acuerdo.

R: Sí, lo creo profundamente, pero creo que este libro me ha salido optimista. Hay una pulsión de vida, disfrute, carpe diem, que pasa por encima de las convenciones, de la religiosidad, de la muerte, la intriga e incluso del amor.

Luisgé Martín (EFE)
Luisgé Martín (EFE)

P: Cuando antes hablaba de esos mensajes reaccionarios, en parte los hemos visto salir de este Gobierno con el que usted trabaja, como es el Ministerio de Igualdad. Me consta que algunos miembros del Gobierno se han leído su libro. ¿Le han comentado algo sobre las líneas que sigue la novela?

R: No, no, no me han dicho nada… Yo creo que una novela nunca tiene líneas. Yo puedo defender punto por punto lo que escribí en ‘El mundo feliz’…, pero una cosa es lo que yo piense y otra el mundo real y la realpolitik, pero tampoco creo que en ‘Cien noches’ haya líneas. Pero tampoco tengo la sensación de que justamente el Ministerio de Igualdad pudiera quejarse de ‘Cien noches’. El Gobierno posiblemente, pero no el Ministerio de Igualdad. Creo que el Ministerio de Igualdad no es la parte más dogmática del Gobierno. Yo creo que nadie a estas alturas es un defensor de la prostitución como industria, nadie de izquierdas, pero estamos hablando de cosas distintas. Yo estoy muy alineado con el Ministerio de Igualdad y con todo lo que el Ministerio tiene en su agenda y espero que salga.

P: La novela habla mucho de la lealtad… Está comprobado que fieles somos poco. ¿La lealtad es una virtud o una anomalía?

R: Yo no creo que sea una anomalía… Yo creo que hay una diferencia entre la fidelidad sexual y la lealtad. La fidelidad incluye algunas normas que creo que van contra natura y no se corresponden con lo que de verdad debe ser una relación amorosa, mientras que la lealtad lo que hace es preservar por encima de cualquier conducta, incluidas las sexuales, una fidelidad mayúscula a una persona con la que uno quiere estar. Y en este sentido estoy muy satisfecho del final de la novela, que habla de que se puede hacer casi cualquier cosa, que si uno realmente ama a alguien va a volver a ese alguien. La lealtad en este sentido no es una anomalía. Igual que creo que la fidelidad sí lo es. Conozco a mucha gente leal, pero fiel no tanta.

P: ¿Y a los partidos políticos somos fieles o nos pasa lo mismo que con las parejas?

R: Yo conozco muchas infidelidades políticas. Yo he sido infiel políticamente. Creo que a lo que menos infieles somos, sobre todo a los que nos gusta el fútbol, es a nuestro equipo. Ahí es muy difícil que uno se enfade con su equipo y cambie. Pero yo sí he tenido momentos en los que he ido virando políticamente y he ido buscando… aunque siempre dentro de un espacio. No creo que yo pueda votar nunca a la derecha. Pero he sido infiel, claro. Y hay mucha gente que lo es, pero probablemente haya más infidelidad en la cama que en la política porque el sexo al final nos tira más que la política, y porque tiene un punto de impulso que en la política, sobre todo a la hora de votar, hay un poco más de calma.

La derecha tiene todavía un camino enorme por recorrer en lo que tiene que ver con la lealtad al país

P: ¿Cómo trata un escritor con el poder?

R: Yo creo que bien. Yo te confieso que el escritor en su torre de marfil es una figura que me resulta muy desagradable. Ese escritor que está por encima del bien y del mal, que cree en la pureza política, que cree que las cosas son de una manera y no hay mezcolanza ninguna me parece una postura simple, triste y nociva. Yo siempre he sido muy terrenal y pragmático y creo en la realpolitik y nada en la pureza. El poder es lo que es. Y gobernar es una cosa complicadísima. Creo que no hay que estar en el Gobierno para saberlo. La gente debería saberlo. Todo el mundo ha estado en una reunión de la comunidad de vecinos y todo el mundo sabe lo imposible que es a veces acordar las cosas más simples y todo el mundo sabe que deben evitarse determinados conflictos. Y en ese sentido el mundo de la política tiene sus cloacas, en España concretamente la derecha tiene todavía un camino enorme por recorrer en lo que tiene que ver con la lealtad al país y no a unos intereses, a una posición o a esa voluntad de gobernar. Pero todo esto es muy desgastante, sobre todo cuando ves que tienes que dedicar más esfuerzo a cosas banales provocadas, absurdas, que no tienen que ver con problemas reales, sino con problemas creados. Yo soy un invitado, no soy un hombre de partido y una persona que quiera quedarse en el mundo de la política y me siento más cómodo. Si estuviera dentro del engranaje para mí sería más asfixiante.

P: Ya fue asesor de Ángeles González-Sinde cuando fue ministra de Cultura. ¿En qué ha cambiado la política en este tiempo según su visión? Por ejemplo, las redes sociales apenas existían…

R: Abrir Twitter y ver el cuñadismo es muy deprimente. Te puedes equivocar porque estás tomando decisiones en las que no hay una respuesta positiva, sino que pueden ser dudosas o negativas, pero tienes que elegir, y a veces te equivocas. Pero no lo haces porque seas tonto o estés improvisando. Te equivocas porque corres el riesgo. Es verdad que ahora abres Twitter y se te cae el alma a los pies, pero hace doce años yo trabajé con Ángeles en el momento en el que la ley Sinde no necesitaba redes sociales para incendiar el mundo. Y a mí me gustaría recordar que hoy deberían pedir perdón aquellos mentecatos que abogaban por cosas… Hoy todos sabemos que las empresas de telecomunicaciones han hecho lo que en aquel momento querían, que era apoderarse de los contenidos. Y todos sabemos que es igual de peligroso o más ahora Google que lo que entonces era Sony o las multinacionales discográficas… Todas las barbaridades que se dijeron en aquel momento y que tanto daño nos hacían, sobre todo a la ministra. No necesitábamos Twitter en aquel momento para oír barbaridades.

Llevo dos años con este Gobierno y en esos dos años ha habido cinco elecciones, crisis en Cataluña, una pandemia…

P: Incluso hubo una agria polémica con Alex de la Iglesia, que entonces era el presidente de la Academia de Cine.

R: Aquel divorcio con Álex de la Iglesia fue muy triste y doloroso… Pero pasa el tiempo y nadie ha sido culpable…

P: No puedo irme sin preguntarle por el presidente, con el que trata cada día. Y le tengo que hacer una crítica: con todo los speech que da, le vemos muy poco ‘cultural’.

R: Parte de mi trabajo en el Gabinete es hacer un poco de lobby cultural. La atención que se le dedica a la cultura siempre va a ser insuficiente. Te puedo decir que el presidente es absolutamente receptivo a estas cosas, lo que pasa es que yo llevo dos años con este Gobierno, desde enero de 2019, y en esos dos años ha habido cinco elecciones, una crisis constitucional en Cataluña, una pandemia… es que es muy difícil sosegar el debate como para darle a las cosas importantes la importancia que tienen frente a las cosas urgentes. Pero el presidente es absolutamente receptivo al papel que tiene que jugar la cultura y la ciencia. Son dos cosas en las que el presidente cree.

P: ¿Contará algún día cómo ha visto la política por dentro?

R: No lo sé. Es una pregunta que yo me hago. Yo no he estado en un Consejo de Ministros ni voy a estarlo. Siempre recuerdo el libro de Jorge Semprún, que es admirable, aunque no es el mejor porque trata los barros de la política, en aquel momento todo lo que tenía que ver con el guerrismo y con esa batalla dentro del Gobierno de Felipe González desde el Ministerio de Cultura. Y la mirada que puede haber de un escritor de paso al mundo de la política puede ser que dé algunos libros, pero de momento no está en mis planes.

Por maestro

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